Hygelac era rey de los Jutos y su sobrino era Beowulf.
Ya siendo muy joven, Beowulf dio muestras de su gran
valor en una batalla contra los suecos.
Un día llegó a su corte un trovador que contó lo
siguiente :
Para celebrar el fin de la construcción del castillo de
Heorot, el rey de Dinamarca, Hrothgar, había celebrado
un gran banquete en el salón principal del castillo. Una
vez acabado este, todos se retiraron a descansar dejando
en el salón un cuerpo de guardia de los 32 hombres más
valerosos del reino. Cuando por la mañana los sirvientes
entraron, vieron con horror que todas las paredes
estaban manchadas de sangre, de los hombres no había ni
rastro y sólo se veían unas gigantescas pisadas
ensangrentadas que se dirigían a las aguas de un lago.
Todo parecía obra de un terrible monstruo: Grendel, que
había sido expulsado hacía años por un mago, pero que
había vuelto. El rey ofreció una cuantiosa recompensa
por matar al monstruo, pero nadie se había atrevido a
ello.
Beowulf se sintió enseguida atraído por la empresa y se
embarcó rumbo a Dinamarca acompañado por catorce
hombres.
Llegados ante el
rey Hrothgar, fueron recibidos con gran alegría
y después de un gran banquete el rey y su
séquito abandonaron el salón quedando en él
solamente Beowulf y sus compañeros. Todos los
compañeros terminaron quedándose dormidos, solo
Beowulf veló durante toda la noche. Casi
amanecía ya cuando Grendel apareció
silenciosamente. Arrancó de un tirón los
cerrojos y las barras que protegían la puerta y
abalanzándose dentro del salón agarró y devoró a
uno de los durmientes. Agarró después un segundo
cuerpo, el de Beowulf. Se entabló en la
oscuridad una terrible lucha entre ambos, en la
cual Beowulf consiguió arrancar de cuajo el
brazo de su adversario. El monstruo huyó, herido
de muerte, hacia su guarida en el lago, dejando
tras de si un rastro de sangre.
Cuando amaneció tanto los compañeros del héroe
como el rey y su corte contemplaron asombrados
el tamaño y la fuerza del brazo del monstruo, el
cual colgaron del techo de la sala.
Todo fueron felicitaciones y regalos y se
festejó la victoria con un banquete. Tras el,
todos se fueron a dormir, dejando a los hombres
del rey de guardia, pues se creía que ya no
había ningún peligro. Pero en el silencio de la
noche otro monstruo apareció. Era la madre de
Grendel, que silenciosamente cogió el miembro
cortado de su hijo y se marchó del lugar, no sin
antes llevarse a Asker, el amigo más intimo del
rey.
Llegada la mañana Beowulf se ofreció a ir a
matar a la madre de Grendel en el propio refugio
de esta.
Siguió el rastro de sangre, hasta que llegó a una colina
que sobresalía en las aguas de un pozo. En lo alto de la
colina estaba la cabeza de Asker, para anunciar a los
que se aventuraran en el lugar de la suerte que les
esperaba. Beowulf se zambulló en el pozo y a su paso
salían innumerables monstruos que le atacaban y a los
que iba matando con su espada. Por fin la lucha fue con
la misma madre de Grendel, a la que el héroe pudo cortar
la cabeza.
Se adentró en una cueva y encontró a Grendel que aún
agonizaba y le cortó también la cabeza. Llevándose la
cabeza nadó hacia el exterior, tarea nada fácil pues las
aguas al mezclarse con la sangre de los monstruos
muertos había alcanzado tal temperatura, que se le
derritió la espada.
Al volver ante el
rey con este trofeo todo fueron alegría y agasajos. El
rey hizo a Beowulf y a sus hombres numerosos regalos y
todos juntos se volvieron felices a su tierra.
Beowulf proporcionó cuarenta años de paz, y siendo ya
anciano le llegaron noticias de que en unas montañas
cercanas se guarecía un dragón que estaba asolando la
comarca. Los lugareños le pidieron que les librara del
monstruo, y a pesar de su avanzada edad, no quiso
negarse.
Beuwulf fue a su guarida y le retó al combate. Pero las
fuerzas del héroe ya no eran las de antaño, y la batalla
sobrepasaba sus posibilidades. Sólo consiguió matarle
gracias a la ayuda de su fiel amigo Wiglaf. Pero Beowulf
había sido tan malherido que comprendió que no
sobreviviría.
El dragón escondía en su guarida un enorme tesoro que
sería para su pueblo, por lo cual el héroe murió feliz,
porque perdía la vida en una aventura heroica, que había
además proporcionado riquezas materiales a su pueblo.
Fue enterrado según su voluntad, en un montículo, desde
el que podía verse el mar y que llevaría su nombre.