Agenor, Rey de Tiro y Sidon, tenia tres hijos varones y una sola hija de gran belleza llamada Europa. Cuando Zeus, tomando la forma de un toro, rapto a  Europa, el rey sirio ordeno a sus tres hijos que fueran en su busca y que no volvieran hasta haberla encontrado.

Los tres jóvenes partieron, pero pronto se dieron cuenta de que su intento era vano.

Uno de los hermanos, Cadmo, acudió al oráculo de Delfos en busca de consejo, y el oráculo le ordeno abandonar la búsqueda de Europa y fundar una ciudad. Para encontrar el lugar adecuado, tenia que seguir a una vaquilla hasta que el animal se detuviera.

Cadmo se puso en camino y llego a un valle fértil y hermoso pero solitario y deshabitado. Allí pastaba una vaquilla sin yugo, y Cadmo la siguió. La vaca se tumbo a rumiar cerca de un rió, en un hermoso paraje, y el joven decidió que fundaría allí mismo su ciudad. Viendo que la profecía se había cumplido, sacrifico el animal a la diosa Atenea y luego, rendido por el cansancio, se durmió.

En sueños se le apareció una hermosa mujer ataviada con blanca túnica, que portaba un casco y una resplandeciente coraza. En sus manos sostenía una lanza y un escudo de plata, y sobre su hombro reposaba una lechuza. Cadmo reconoció en el acto a la sabia diosa Atenea.

Con voz dulce, la aparición le hablo:

- Cadmo, valiente guerrero, efectivamente, debes fundar aquí tu ciudad. Para ello tendrás que matar a un enorme Dragón que custodia la fuente de Ares. Una vez lo hayas aniquilado, le arrancaras los dientes y labraras un campo para sembrarlos.

El muchacho se dispuso a luchar con el Dragón que custodiaba la fuente de Ares, el dios de la guerra. La batalla del valiente guerrero contra la bestia fue espantosa.

El poderoso Dragón utilizaba todos los trucos posibles, y Cadmo luchaba con coraje. La tierra se empapaba de sangre, y las rocas salían despedidas cono si fueran chinas de arroyo.

 Los alaridos del héroe y los rugidos de la fiera se oían incluso en el Olimpo, donde el Padre de los dioses tuvo que interrumpir su descanso debido al estruendo que causaba la contienda.

Enojado, Zeus mando a su hija Atenea para que ayudara a Cadmo que modo que acabara de una vez con aquel estrépito.

Obediente, la diosa guerrera se presento en el campo de batalla, pero aun con su ayuda, Cadmo tardo un día mas en derrotar al poderoso Dragón. Tas dar muerte a la bestia, el héroe  le arranco los dientes. Luego labro un campo con gran esfuerzo, y sobre la tierra, todavía húmeda de sangre y sudor, sembró los dientes de Dragón y espero.

Pronto brotaron de los dientes del animal muchos guerreros de aspecto amenazador que se pusieron a luchar entre si con un brío inusitado hasta que no quedaron mas que cinco. El héroe se lanzo entonces sobre ellos y los desarmo. Los guerreros, a los que se llamo spartosi, “los hombres sembrados” reconocieron entonces a Cadmo como su rey y señor y lo ayudaron a edificar los muros de la ciudad de Tebas.

Gracias a la protección de Atenea, el heroico Cadmo reino desde entonces en esta ciudad, famosa por el valor de sus hombres, ya que eran nacidos de los dientes de un Dragón.