En aquel tiempo, reinaba en Etiopía el rey Cefeo y la reina Caisopea, quien se jactaba de ser más hermosa que todas las Nereidas. Celosas, las hijas del mar pidieron al dios Poseidón que las vengara de tal insulto, y éste envió a un Dragón, que destrozaba los campos y devoraba a las jóvenes de Etiopia. Aterrados, los habitantes de aquellas tierras consultaron al oráculo de Amón, que predijo que el Dragón sólo se calmaría si le entregaban a la bella Andrómeda, hija de los reyes, Cefeo y Caisopea se resistían a entregarla como victima expiadora, pero ante la presión de los etíopes, acabaron por consentir en el sacrificio y los soldados encadenaron a la joven a una roca solitaria en medio del mar, donde el monstruo tenía su morada.

Llorando y lamentándose, los padres de la princesa aguardaban en la costa los acontecimientos. Acertó a pasar por aquel lugar el joven Perseo, hijo de Zeus, sobre el alado caballo Pegaso. Al ver lo tristes y desesperados que estaban, el héroe, que acababa de dar muerte a la horrible Medusa, se detuvo para preguntar que sucedía.

Los reyes le narraron entre sollozos los acontecimientos._Ahora sólo podemos esperar a que salga el Dragón y la devore _se lamentaron_. Si alguien pudiera salvar a nuestra hija se ganaría nuestra gratitud, la mano de Andrómeda y el trono de Etiopia.

Perseo encontró muy ventajoso el trato, ya que resultaba evidente la belleza de la joven encadenada y el reino de los etíopes era rico y próspero.

Se cubrió con el mágico casco de la invisibilidad que le diera Plutón, dios de los infiernos, embrazó el brillante escudo regalo de la diosa Atenea, divinidades con quienes estaba emparentado, y con la espada de diamante que le dejara el dios Mercurio arremetió contra el Dragón

Puesto que el casco le hacia invisible a Perseo, el monstruo no podía defenderse, y Andrómeda tampoco podía adivinar quien pretendía rescatarla. El semidiós fue cercenando así la carne del Dragón, hasta llegar al corazón, y se lo arrancó. Luego, se quitó el casco y se mostró a la bella princesa. Tras cortar de un tajo las cadenas que la aprisionaban a la roca, montó a la joven sobre su alado corcel y se dirigió a palacio.

Al llegar a la casa real, sin embargo, los esperaba una desagradable sorpresa. Al frente de sus guerreros, Fineo, antiguo prometido de Andrómeda, la reclamaba como esposa. Perseo, poco dispuesto a perder su bien ganada recompensa, saco de una bolsa la cabeza de la Medusa, la mostró a sus enemigos y la transformo en piedras.

Así pudo casarse sin oposición con la hermosa Andrómeda y tuvieron varios hijos. De este matrimonio Alameda, madre del poderoso Heracles.