En el
castillo de Hazmburk, situado al noroeste de
Praga (Chequia), se aparece el espectro de una
joven con una gran mancha sangrienta en el pecho
que baja volando de las almenas de la Torre
Blanca. Después deambula por las ruinas del
castillo hasta la medianoche y desaparece en la
Torre Negra. Dicen que se trata del espíritu de
Lucía, hija de Nicolás Zajíc de Hazmburk, a la
que se le partió el corazón mientras esperaba a
su amado en el castillo.
Según cuenta la leyenda, Nicolás Zajíc de
Hazmburk , señor del castillo, decidió casar a
su hija con el elector de Sajonia. Para ello
convocó un torneo de caballeros cuyo ganador
obtendría la mano de la gentil doncella. El
hidalgo pensaba que sería puro trámite: el
elector era conocido por su valentía, audacia y
carácter marcial y nadie podía comparársele en
su afán combativo.
Pero sucedió lo inesperado. En el torneo triunfó
otro caballero: el hidalgo indigente Veslav de
Kostálov y el corazón de la muchacha se encendió
de amor por este joven caballero.
El señor Nicolás, padre de la muchacha, tomó la
decisión de encargar al indeseado novio una
tarea tan difícil que jamás sería capaz de
realizar. De esta forma conseguiría que el
elector sajón, que se había marchado enojado del
torneo, dejase de sentir su vanidad ofendida y
de buen grado se casaría con Lucía.
Complaciéndose con los pensamientos sobre la
boda de su hija Lucía con el elector de Sajonia,
Nicolás Zajíc de Hazmburk dictó su condición al
joven Veslav: si quería ser su yerno, debía
traer al castillo de Hazmburk un dragón vivo.
El joven se despidió de su novia Lucía y se
marchó a buscar al dragón.
Pasaban semanas, meses y años y nadie tenía la
menor noticia sobre el joven Veslav. Lucía se
consumía de pena, se marchitaba, hasta que un
día se le partió el corazón. Fue sepultada en un
féretro de cristal en la Torre Blanca del
castillo de Hazmburk.
Poco tiempo después regresó el joven hidalgo
Veslav conduciendo un dragón atado de una
cadena.
Llevaron al joven al féretro en el que yacía su
amada. Allí permanecería toda la noche solo con
su desesperación.
Por la mañana los servidores encontraron al pie
del féretro al rígido cadáver del caballero
Veslav...
Triste fue no sólo el destino de los desdichados
amantes, sino también el del dragón. La bestia
se consumió de pena tras perder a su dueño.
La leyenda cuenta que los servidores dejaron el
cadáver del dragón en el sótano donde había
expirado y lo cubrieron con piedras. El fantasma
del dragón se aparece de vez en cuando: vuela
alrededor de la colina en la que se alza el
castillo de Hazmburk y arrastra en pos de sí una
carroza.