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Allí, sacrifico el animal y
se lo entrego al rey de aquellas tierras, Eestes, en
agradecimiento por su
hospitalidad. El monarca de
Colquida consagro la piel al dios
Ares y la clavo en una encina,
bajo la vigilancia de un Dragón
Obedeciendo
al encargo de su tío, Jasón
reunió a un grupo de valerosos
hombres, con los que partió a
borde de una nave denominada
Argos (de ahí que a los que
integraron esta expedición se
les llamara argonautas). Cuando
Jasón y los héroes del Argos
llegaron a colquida, anunciaron
al rey que venían a llevarse el
vellocino de oro.
Temeroso
de perder el preciado tesoro, el
rey Eestes no se opuso a
entregárselo, pero exigió como
condición que Jasón, sin ayuda
de nadie, domara unos toros
salvajes que despedían fuego por
la nariz y que tenían pezuñas
de bronce
El héroe
desanimado no creyó poder
cumplir la prueba, pero la hija
del Rey, Medea, se apresto a
auxiliarlo. La princesa, que era un
hábil hechicera, se había quedado
prendada del héroe, y le hizo prometer
que si gracias a su colaboración
superaba la prueba, la tomaría por
esposa y la llevaría con el de regreso a
Grecia. Como Jasón encontraba a la joven
muy hermosa y atractiva, acepto sin dudar
la propuesta.
Gracias a
las artes de la astuta princesa, Jasón
domo a los toros de Efesto, y , en una
segunda prueba, venció a unos guerreros
gigantes. Triunfante, el héroe se
presento ante el rey Eestes para reclamar
su derecho a llevarse la piel del
carnero.
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