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Inmediatamente, Samba entró en campaña y se enfrentó con cada una
de las huestes rebeldes. Sus jefes, derrotados
uno tras otro, juraban fidelidad a Annalia. Así
llegó el día en que el rey de la última ciudad,
escoltado por Samba, se hincó de rodillas ante
la soberana.
Annalia Tu-Bari reconoció el éxito de Samba y lo
desposó. El gran reino se había reconstituido,
pero la reina conservaba cierta gravedad. El río
Joliba –el Níger– antiguamente inagotable, se
había secado completamente y la región se estaba
muriendo. Isa Bere, un dragón sediento, absorbía
toda el agua del río en la fuente, aguas arriba
en las montañas. “Ve y mátalo por mí”, ordenó la
reina.
Su honor en juego, Samba no podía rechazar este
reto y se puso en camino, escalando una tras
otra las cumbres de Futa Jallon hasta que
encontró a Isa Bere. Así comenzaron ocho años de
lucha encarnizada durante los cuales Samba
rompió 800 lanzas y 80 espadas contra las
escamas del monstruo antes de traspasarle el
corazón. Los despojos del dragón liberaron
finalmente las aguas del Níger y la sequía tocó
a su fin.
Tarafe corrió a avisar a la reina mientras Samba
disfrutaba de un merecido reposo. No obstante,
por orgullo, Annalia exigió que le aportaran la
cabeza de Isa Bere. Informado al respecto, Samba
estudió el enorme cráneo, tan macizo y pesado
como un bloque de granito. Después de haber
conquistado ochenta ciudades y resuelto el
problema de la sequía, no podía acceder
razonablemente a semejante capricho y, con
Tarafe, decidió permanecer en Futa Jallon para
fundar un nuevo Estado.
Profundamente amargada, Annalia decidió someter
a sus vecinos haciendo construir una montaña muy
alta para vigilarlos a todos.
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