Hace muchísimos años, algunos siglos antes de Jesucristo, vivía en la fastuosa y pagana Babilonia un joven exiliado de Jerusalén llamado Daniel. El rey de los babilonios, Nabucodonosor, apreciaba mucho al joven por su sabiduría y lo sentaba frecuentemente a su mesa. Daniel sabía interpretar los sueños y realizaba profecías que se cumplían siempre, por lo que Nabucodonosor se veía obligado a pedirle consejo. Sin embargo, el profeta, que provenía de la tribu de Judá, no lograba convencer al poderoso monarca de la falsedad de los ídolos de piedra y metal que adoraban los babilonios.

En aquél tiempo, vivía en la ciudad de Babilonia un Dragón llamado Tannin, a quien se veneraba como un dios. Tannin, que había hecho un pacto de voluntad y buena amistad con los Babilonios, habitaba en el templo de Bel, donde tenia sacerdotes y criados encargados de su bienestar y donde el mismo Nabucodonosor lo visitaba con frecuencia, pues era un Dragón anciano y sabio.

Un día en que Daniel le había demostrado al monarca Babilónico la falsedad del Dios Bel, Nabuconodososr le pregunto enfadado: -¿Y por que no veneras al Dios-Dragón? N o puedes negar que el Dragon esta vivo. No esta hecho de piedra ni de metal como los otros dioses de esta tierra.

-Esta vivo, pero no es un Dios, ya que puede morir y los dioses no mueren- Respondió el profeta.

-Existe desde los tiempos en que mi padre y el padre de mi padre eran pequeños, y aun mucho antes. Ha morado en el templo durante innumerables vidas de hombres, y no hay nadie que recuerde su nacimiento. Come, bebe y habla con sabiduría, pues tiene muchos conocimientos y no creo que muera nunca. Es sin duda un dios- le rebatió Nabucodonosor.

Daniel quiso demostrar al rey que el Dragón podía morir, y que en esto no se diferenciaba de las demás Bestias. Fabrico con pez, pelos y sebo de oveja una especie de tortas y se las dio al pobre y confiado Tañí que, acostumbrado a que los hombres le dieran alimento, no recelo y se las comió.

Las tortas envenenadas hicieron pronto efecto y el Dragón murió en dos días. Así se convenció el rey de los babilonios de que Tañí era mortal , y perdió para siempre a su sabio Dios-Dragón.

Al llegar al lugar señalado por Sibaris para el sacrificio, todos se retiraron. Alcioneo ya sentía en su corazón un amor intenso por el valiente guerrero y le rogó que se pusiera a salvo con los demás, pero el locrio se negó a abandonar al que ya era la razón de su vida.

La terrible dragona salio de la cueva pensando hallar a un joven asustad e indefenso, pero se encontró con Euribatos, quien, inspirado en el amor que veía reflejado en los ojos de su joven compañero, se arrojo por sorpresa contra la fiera y le dio muerte. Entonces desapareció la bestia y en su lugar surgió una fuente. Años mas tarde Euribats fundo una ciudad en Italia a la que le dio nombre de Sibaris en recuerdo de estos hechos.