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Desesperados, los
lugareños se reunieron para deliberar
sobre la conveniencia de abandonar la
aldea, ante la imposibilidad de acabar
con el monstruo. Se encontraban todos en
acalorada discusión cuando acertó a
pasar por allí santa Marta, una hermosa
joven que era conocida y venerada en la
región por su bondad y gentileza.
Los mas viejos del
lugar vieron en ella un señal del
destino, y fueron a su encuentro para
pedirle ayuda con grandes ruegos.
Ante la insistencia
y las suplicas de los aldeanos, la joven
se ofreció para capturar a la Tarasca,
pero puso una condición.
- Decid lo que
necesitáis, bondadosa santa- accedieron
las gentes del lugar.
- Solo quiero que
roguéis a Dios durante tres días para
que me permita acabar con la Tarasca-
respondió Marta.
Los aldeanos
cumplieron la condición, y esperaron
llenos de fe a que se hiciera el milagro
que los salvaría para siempre de la
maldición.
Así, una mañana se
dirigió la santa hacia el lago donde
tenia su morada la Tarasca, quien por
otra parte, era muy amante de la música
pese a su fiereza.
La bella joven se
sentó en la orilla y empezó a cantar
loas a Dios y a la Virgen Maria con
hermosa y calida voz. Cautivada por la
dulzura del canto, la Tarasca salio del
agua y se tumbo a los pies de Marta,
quien se apresuro a ligarle una cinta en
torno al cuello sin que el monstruo
opusiera resistencia. El Dragón quedo
totalmente amansado, y santa María pudo
conducirlo sin dificultad a la aldea,
donde fue muerto por los campesinos.
En memoria de este
hecho, la región donde vivía la Tarasca
recibió el nombre de Tarascón.
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