Hace mucho tiempo, en los oscuros y heroicos años de la Edad Media, un terrible Dragón de fuego se instalo en Irlanda, dedicándose a aterrorizar a la población con excursiones nocturnas en las que abrasaba todo cuanto hallaba a su paso.

Desesperado, el rey de Irlanda anuncio públicamente que concedería la mano de su hija, la rubia Iseo, al caballero que los librara para siempre de la fiera.

En aquellos días, se encontraba en la corte irlandesa el caballero Tristan, quien había acudido como mensajero de su tío, el rey Marc de Cornualles, para pedir la mano de la bella Iseo para el soberano. El joven no tenia muchas esperanzas de poder cumplir con su misión, ya que el señor de Cornualles era entrado en años, y dudaba que la hermosa princesa lo considerara un buen partido. Al oír el anuncio real, Tristan pensó que si daba muerte al Dragón, la doncella seria suya y podría conducirla mas fácilmente hasta el rey Marc.

Sabedor de que el agua resultaba mortal para el Dragón de Fuego, Tristan tomo un odre de liquido y lo suspendió sobre la puerta de la guarida del monstruo. Seguidamente se dispuso a esperar la salida del Dragón. Tanta era la ferocidad de este y tanta muerte había causado que ni los mas valientes caballeros del reino osaban enfrentársele. Sin embargo, el mayordomo de la casa real, que abrigaba una oculta pasión por la princesa Iseo, se encontraba emboscado cerca de la gruta, aguardando acontecimientos. El taimado senescal no pretendía dar muerte a la fiera, ya que su temor era inmenso, pero confiaba en que, con su astucia, podría aprovecharse de la hazaña de algún osado caballero que se enfrentara al Dragón y recibir los honores como propios.

Desde su escondite, el asombrado mayordomo vio a un joven desconocido presentarse ante la cueva del monstruo y llamarlo a grandes voces.

Cuándo apareció el Dragón, le cayo el odre encima y apago su fuego. Aun así, se entablo una feroz lucha entre el caballero y el Dragón, lo que hizo que la tierra se estremeciera y el aire se llenara de terribles gritos y rugidos.

Finalmente, tras largas horas de esforzado combate, Tristan pudo dar muerte al Dragón, pero se sintió tan agotado, que no tuvo fuerzas mas que para cortar y guardar la lengua del Dragón. Después de desvaneció.

Al ver al Dragón muerto y al caballero sin sentido, el traidor senescal decidió aprovecharse de las circunstancias. Corto de un tajo la cabeza del monstruo y se presento al rey como autor de la hazaña, reclamando la prometida promesa.

Grande fue la desesperación de Iseo, que no deseaba como marido al viejo mayordomo. Incapaz de creer que el senescal hubiera triunfado en una empresa tan difícil, la princesa se dirigió en secreto a la gruta del Dragón. Cuando al llegar vio al joven desvanecido, Iseo comprendió el engaño. Le agrado el caballero, y como no conocía los planes de Tristan, mando recoger al herido y llevarlo en secreto a palacio, donde lo cuido con dulzura..

A los dos días, la corte se reunió para proclamar oficialmente al matador del Dragón y entregarle la mano de la princesa. Ufano como un pavo, el mayordomo de la casa real esperaba su recompensa al pie del trono. Iseo, ataviada de plata y oro, ocupaba su puesto junto al rey. Numerosos cortesanos engalanados llenaban la estancia.

No había hablado todavía el monarca, cuando Tristan entro en la sala y solicito la mano de la princesa.

     - ¿Con que derecho la reclamas?- pregunto enojado el monarca.

     - Con el de mi espada y como vencedor del Dragón, majestad- contesto el joven.

La corte entera estallo en risas, pero era evidente la furia del señor de Irlanda.

     - Joven presuntuoso, ¿acaso ignoras que el senescal ha dado muerte al monstruo?

Entonces intervino la bella princesa, que no podía dejar de pensar que el desconocido caballero era muy apuesto y que sus besos serian mas dulces que los del senescal.

- Déjalo que se explique, padre, te lo ruego.

- Esta bien- accedió el monarca. –que hable el desconocido-

- Que la lengua del Dragón hable por mi- dijo entonces Tristan.

- El Dragón esta muerto, joven atrevido ¿Cómo pretendes que hable?

- Mirad en su boca, señor- contesto el héroe

Ante la turbación del senescal abrieron la boca del monstruo y pudieron ver que le faltaba la lengua.

- Aquí esta lo que falta- y Tristan mostró a los asombrados cortesanos y a la sonriente Iseo, la lengua del animal que tenia guardada.

Así se descubrió la trampa del senescal, quien fue severamente castigado por su traición. El rey proclamo vencedor a Tristan y entonces este tuvo que anunciar que no reclamaba la mano de la princesa para si, sino para su tío. Marc de Cornualles.
El monarca se regocijo con la noticia, pues el rey de Cornulles era rico y apreciado en la corte irlandesa. En cuanto a Iseo, no se dejo desalentar por este anuncio, ya que estaba decidida a conseguir el corazón del valiente caballero. La leyenda cuenta que Tristan se enamoro también de la bella princesa, y este amor do origen a una triste historia en la que los dos amantes acabaron muriendo, incapaces de separarse.