Dicen las crónicas que cuando el conde Jofre de Pilos gobernaba gran parte de las tierras catalanas, vivía en una cueva del macizo de Sant Llorenc, cerca de la ciudad de Terrassa, un Dragón al que llamaban Vibria.

Cuando era un cría, el Dragón había sido instalado en la cueva por los moros, quienes al ser expulsados de la región pensaron vengarse así de los cristianos. El animal había ido creciendo hasta transformarse en una poderosa fiera que en sus correrías nocturnas por las comarcas circundantes devorada rebaños y pastores, asolaba las masías y tenia aterrorizadas a las gentes de la región.

La ciudad de Terrassa ofrecía sustanciosas recompensas a quien la librara de tan horrible amenaza. Muchos caballeros monjes y soldados intentaron acabar con la Vibria, pero como se trataba de un Dragón astuto y versado en magia, nadie lograba vencerlo.

Finalmente, el conde Jofre, cansado de los desmanes del monstruo y de las quejas de sus súbditos, decidió enfrentarse con el. Bien armado y montado en su poderoso corcel negro, el conde se dirigió a la cueva donde moraba el Dragón. El lugar estaba desierto, y solo un grajo negro graznaba, posado en una rama. Pero el valiente Jofre no se dejo engañar por las astucias de la Vibria y lo llamo por su nombre:

- ¡Vibria!

El Dragón abandono de inmediato su apariencia de pájaro y se trocó en una horrenda bestia alada que agarro al conde con sus afiladas garras e intento levantarlo del suelo para estrellarlo contra las rocas. Sin acobardarse, Jofre arremetió valientemente contra el escamoso cuello de la Vibria y, cuando esta abrió sus enormes fauces, le introdujo la espada por la garganta, hiriéndola de muerte. Todavía pudo el Dragón levantar el vuelo, pero se despeño por la montaña, que desde entonces recibe el nombre de Puig de la Creu (Pico de la Cruz).

El conde fundo cerca de la cueva un convento de monjas, y en la cima del monte, hizo levantar un monasterio, para que nunca volviera otro Dragón a habitar las rocas donde la Vibria había tenido su morada.

En memoria de esta hazaña, se esculpió en la puerta de Sant Iu, en un lateral de la catedral de Barcelona, la imagen de la lucha del conde Cofre contra la Vibria, donde todavía puede contemplarse.