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Finalmente,
el conde Jofre, cansado de los
desmanes del monstruo y de las
quejas de sus súbditos, decidió
enfrentarse con el. Bien armado y
montado en su poderoso corcel
negro, el conde se dirigió a la
cueva donde moraba el Dragón. El
lugar estaba desierto, y solo un
grajo negro graznaba, posado en
una rama. Pero el valiente Jofre
no se dejo engañar por las
astucias de la Vibria y lo llamo
por su nombre:
- ¡Vibria!
El
Dragón abandono de inmediato su
apariencia de pájaro y se trocó
en una horrenda bestia alada que
agarro al conde con sus afiladas
garras e intento levantarlo del
suelo para estrellarlo contra las
rocas. Sin acobardarse, Jofre
arremetió valientemente contra
el escamoso cuello de la Vibria
y, cuando esta abrió sus enormes
fauces, le introdujo la espada
por la garganta, hiriéndola de
muerte. Todavía pudo el Dragón
levantar el vuelo, pero se
despeño por la montaña, que
desde entonces recibe el nombre
de Puig de la Creu (Pico de la
Cruz).
El
conde fundo cerca de la cueva un
convento de monjas, y en la cima
del monte, hizo levantar un
monasterio, para que nunca
volviera otro Dragón a habitar
las rocas donde la Vibria había
tenido su morada.
En
memoria de esta hazaña, se
esculpió en la puerta de Sant
Iu, en un lateral de la catedral
de Barcelona, la imagen de la
lucha del conde Cofre contra la
Vibria, donde todavía puede
contemplarse.
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