Se han propuesto distintos criterios para clasificar a los dragones. Uno de ellos consiste en observar el medio en el que se mueven: acuáticos, celestes, de tierra y de fuego.  Otra posibilidad es clasificarlos por
su forma. Así tendríamos dragones alados, dragones serpiente, dragones peces... También se ha propuesto
atender a los colores de sus escamas o de su piel. Se habla entonces de dragones rojos, blancos, azules,
verdes, dorados…
Una clasificación aparentemente muy sencilla sería la de dragones buenos y dragones malos, pero en realidad resultaría la más complicada, puesto que habría que establecer un código moral para los dragones, cosa que, nos tememos, excede las posibilidades de los moralistas humanos.
 
Existen dos grandes familias de dragones: los orientales y los occidentales.
 
 Los dragones occidentales son representados como grandes criaturas, feroces y crueles; La mayoría de ellos tiene la capacidad de volar; aunque no siempre la aprovechan, son impulsados mediante sus alas membranosas y utilizan una técnica tanto de despegue como de aterrizaje vertical. Por lo general tienen cinco dedos en sus garras, aunque este número puede variar. 

Los dragones occidentales arrojaban fuego, envenenaban las aguas y raptaban doncellas (o esto era lo que se decía de ellos para que se les considerara un enemigo común con el que todos desearan acabar). Se les culpaba de plagas y de épocas de carestía de alimentos, ya que no sólo podían atacar físicamente, sino que dominaban los secretos de la magia con la que podían maldecir o hechizar sin que la gente lo notara.

 

 Dragones orientales,. Existe una gran variedad de dragones orientales. La especie más conocida es la china, que puede ser identificada por tener cuatro dedos en cada garra y largos bigotes.

Los dragones japoneses se parecen a los chinos, pero su forma es más ondulada y tienen solamente tres dedos en cada garra.

Los dragones orientales son hábiles voladores, a pesar de no tener alas. Se ayudan de las corrientes de aire para ascender y descender.  Posee afilados cuernos y su cabeza es parecida a la de un caballo o camello (por su forma alargada). Asimismo pueden transformarse y adoptar innumerables formas, incluyendo las humanas.

Además de ser guardianes de tesoros, por su naturaleza son amables con los seres humanos. Se les asocia

con el agua y particularmente con la lluvia