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El dragón es uno de los seres
fantásticos que más pasiones despierta. Caracterizado como una criatura
de enorme poder, grande y
fiera, es representante de la fuerza y de lo
poderoso. A lo largo de la historia ha sido temido, pero a la vez en
muchas culturas se le
adoraba como a un dios. Así, es lógico que a lo
largo de toda la mitología occidental el matador de dragones haya sido
un personaje
recurrente, un héroe que salvaba a su pueblo de los males que un dragón traía consigo.
Pocos seres legendarios han pervivido en la memoria colectiva con mayor
intensidad que los dragones. En todo el mundo y en todas
las épocas han
existido leyendas acerca de ellos. Su figura ha sobrepasado el ámbito de
la transmisión oral para ocupar espacios
propios en los textos sagrados
y en la iconografía universal. Pocos seres pueden presumir de figurar al
mismo tiempo en templos
cristianos y budistas, como en textos
hebreos y musulmanes. Los dragones rozan la divinidad.
En las sagradas escrituras de los
antiguos hebreos y luego en el cristianismo, el dragón
usualmente representa la muerte y el mal.
En el libro de Job,
se dice: " ¿Sacarás tú al Leviatán con
anzuelo... Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama...'. En el
Antiguo Testamento, la palabra
dragón aparece infinidad de veces, unas refiriéndose al faraón de
Egipto como un dragón, y otras
refiriéndose al animal que
representa, como
por ejemplo, "al cachorro de león y al dragón hollarás" ,"Haré de
Jerusalén un montón
de ruinas, una guarida de
dragones" .
Fuera de los textos
bíblicos hebreos, encontramos a Gilgamesh, héroe de una
leyenda babilónica que mató a una enorme
criatura con
apariencia de reptil llamada Kumbaba, y
al Dios Marduk, quien mató a la diosa dragón Tiamat, que no era otra cosa que una
representante de las fuerzas del
caos primigenio.
En Persia, durante
los siglos XIII y XIV las historias de Dragones se convirtieron
en el punto de partida de los artistas. La pintura
Iskandar matando al Dragón, realizada hacia 1330, es una
majestuosa representación de ese relato mítico.
También lo es el tema
principal del Sah Nameh o Libro de los
reyes, escrito por el poeta Firdusi en esos años, donde el
espíritu nacional persa se articula
mediante la victoria de un
valiente guerrero sobre un malvado dragón.
Los griegos tuvieron
en su mitología a Hércules, que mató al dragón que
guardaba el jardín de las Hespérides, Jasón, que mató al
guardián del Vellocino de oro, y Cadmo que mató al dragón de
Ares.
Los romanos llevaban
dragones en sus estandartes. Los últimos emperadores romanos, tenían un
dragón morado como
estandarte
ceremonial llamado el Drakonteion y volaban cometas con su
forma. En la Historia Naturalis de Plinio el Viejo, se
cuenta que un
dragón fue muerto durante el reinado del
emperador Claudio. Sus entrañas, según decía, contenían el cuerpo de un niño.
En Egipto, el dios Ra
tenía que enfrentarse cada día a un dios dragón que
vivía en el fondo del Nilo y que era un dios del mundo
subterráneo. Cuando Ra
penetraba con su barca durante el anochecer por
las puertas del "infierno" o mundo
subterráneo allí le
aguarda. Ra cada día le
vencía. A continuación el victorioso Ra salía
por la otra puerta para elevarse hacia el cielo
de nuevo y así
dar comienzo a un nuevo día.
Los Bretones
relatan la muerte del rey
Morvidus de Gales unos 300 años a.c., a manos de un monstruo reptiliano. El rey Peredur, sin
embargo, logró matar a su monstruo en
Gales.
El poema épico
anglosajón Beowulf, cuenta cómo el héroe
escandinavo Beowulf (495-583 d.C.) mató a un monstruo llamado Grendel,
a su madre, y
a varios reptiles marinos. Murió anciano
luchando contra un dragón volador. Otras
historias bien conocidas en las que
se enfrentan
héroes medievales y dragones son los de Sigfrido de los antiguos Teutones (posiblemente
la misma persona que Sirgud de
Old Norse, quien mato a un dragón
llamado Fafnir), Tristan, el
Rey Arturo, Sir Lancelot de Bretaña, y
quizás el más famoso de todos,
San Jorge de Capadocia, que se convirtió en el santo
patrón de reinos como Aragón (en España e
Italia) o Inglaterra.
También
están presentes en el mundo celta. El príncipe
Fróech, hijo de una princesa descendiente de losTuatha De Danan, hubo de
enfrentarse a un
dragón que vivía en un lago. En esta lucha
consiguió matar al dragón pero a su vez perdió
la vida en la empresa, ya
que este príncipe era
de naturaleza mortal.
Los
Escandinavos, adornaban las proas de sus barcos
con dragones para asustar al enemigo. En sus
mapas, sobre las tierras aún
desconocidas
escribían: "Aquí hay dragones".
Contaban que el dios Thor utilizó una cadena,
con la cabeza de un buey como cebo,
para sacar de
las profundidades a la serpiente de Midgard. Cuando el
dios alzó su martillo para matarla, la cadena se
rompió y el
monstruo escapó. Thor, volvió a
luchar contra la serpiente durante el llamado "crepúsculo de los dioses". En la
batalla logró hundir el
cráneo del monstruo y
matarle, pero murió a causa de los venenos
respirados.
Durante la
Edad Media, los dragones llenaron la imaginación
de las gentes y fueron protagonistas de
múltiples historias Fueron
representados en el
arte, la heráldica, las casas, palacios e
iglesias. La leyenda mas popular de esta época
fue la de San Jorge.
Este
santo se convirtió en guardián de los
cruzados y patrón de todo lo que tenia que ver
con caballeros, armas y luchas. Fue el santo
protector de Cataluña,
Inglaterra, Aragón, Italia y Grecia y venerado en toda la cristiandad. Naturalmente muchos de
los caballeros
que pueblan los libros medievales fueron también matadores de dragones.
Muchas
veces encontramos la figura del dragón en los emblemas de distintos
ejércitos. Era una creencia extendida la de que el animal
que
acompañaba en la batalla, prestaba su fuerza a los hombres que
luchaban en ella. Los
soldados persas iban a la guerra llevando
delante
de sus ejércitos, grandes figuras de dragones con las que pretendían
espantar a sus enemigos. Los romanos pintaban dragones
en sus
estandartes y los guerreros de las tierras escandinavas,
acostumbraban a adornar las proas de sus barcos -a los que llamaban
drakar- con cabezas de dragones, que les prestarían su fuerza en
caso de combate.
En
Inglaterra, antes de la conquista
Normanda en 1066, el dragón era la
principal de las insignias reales en la guerra, habiendo
sido
instituido por Uther Pendragon, padre del Rey Arturo. Otros reyes que usaron la insignia del dragón fueron Ricardo I durante las
cruzadas, y
Enrique III cuando fue a la guerra contra los
Galeses. En España, el rey de Aragón Pedro IV
hizo famosa su cimera,
llamada el drac alat, que representaba
sobre su yelmo una figura de dragón con las alas extendidas, figura
años más tarde confundida
con un murciélago, y heredada por los reyes de la Corona de Aragón.
Los
alquimistas de la edad media, dieron al Dragón
el nombre de Uroboros, el que se come la cola,
nombre inspirado en el
acto de la
autofertilización, el recipiente de
esta nueva vida y el período de tiempo que tarda
el ciclo en volver al principio.
En
China, el dragón aparece como el símbolo nacional y la insignia
de la familia real (adornó la bandera China hasta la
fundación de
la República China en 1911). Dividen a los dragones en:
Dragón Celestial -lleva en el lomo los palacios de las
divinidades e impide que
éstos caigan sobre la tierra-; Dragón
Divino -produce los vientos y las lluvias, para bien de la
humanidad-; Dragón Terrestre
determina el curso de los arroyos
y de los ríos-; Dragón Subterráneo -cuida los tesoros vedados a
los hombres-.
Hong Kong es
considerada una ciudad segura gracias a la protección de nueve
dragones, que residen en las 9 montañas más
sobresalientes de la península de Kowloon (o “gau-loon”, nueve
dragones). Llevar encima la imagen de un dragón, es
considerado
como un elemento de suerte
En Indonesia, y en
todo el sudeste asiático, los nâg, sustituyen al dragón chino. Estas ideas viajarán hacia
occidente, y así en
la India
del sur, se cree que uno de los antepasados de la
dinastía Pallava se había casado con una nâgi y había obtenido de ella las insignias
de la realeza.
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